lunes, 31 de enero de 2011

No nos toméis por imbéciles. Estamos harto de vuestros prvilegios.

Se ha organizado recientemente una gran protesta en contra de los privilegios que gozan la clase política. Para firmar la petición, se puede acceder a la siguiente dirección:

http://www.peticionpublica.es/?pi=P2011N5259

Da la impresión leyendo los sueldos, las plebendas, las pensiones y las dietas, que la Revolución Francesa no hubiera nunca ocurrido. Nuestros representantes políticos viven como sátrapas para realizar mejor su función. ¿Quién se cree esto? Una casta que ha consolidado sus privilegios y vive completamente al margen de las necesidades de la población a la que presumiblemente representa. No sabemos el número de coches oficiales que disponen sus señorías. No es sorprendente que un presidente de gobierno, como este imbécil, necesite de 629 asesores. Que, por si fuera poco, nos cuesta más 30 millones de euros para que su Excelencia no se equivoque y tome las medidas correctas. Una clase política que carece de los criterio necesarios para definir en qué términos se realiza la representación que ejercen. Que no tiene vinculación alguna con el electorado. Que no carece de vergüenza a la hora de mentir públicamente. Que no tiene escrúpulos en explotar, someter y expoliar. Y que vive gracias a una red de corrupción política que han creado los partidos con sus fundaciones y think tanks con la banca y el capital. Y todo esto en nombre de la democracia y del pueblo en donde reside, se nos dice, la soberanía nacional.
Sin embargo, nada sorpredente más que la mansa docilidad de la sociedad civil que acepta con tan sospechosa facilidad cómo le mienten, le roban, le esquilman, le reducen sus pensiones, le obligan a trabajar más, les frien a impuestos, le suben los recibos y las hipotecas, los servicios públicos, le aumentan el precio del tabaco y la gasolina. Y sigue tan callada y tan sumisa. Y es que los políticos han encontrado un electorado fiel y obediente. Los partidos han sabido crear una poderosa red en la que participan una considerable parte del electorado fiel que les vota. Se trata del voto o la vida. Y se vive muy bien siendo político. Esta forma de vida debe, pues, de basarse en un consentimiento tácito. Si me votas vives a costa de mis privilegios. Empresas públicas para colocar a los miembros fieles del partido, red de funcionarios autonómicos, televisiones, cargos administrativos, corporaciones públicas, consejos de administración en Cajas de Ahorro, contratos públicos millonarios a los amigos del partido, Diputaciones Provinciales, y toda la serie de organismos públicos y de suntuosa burocracia que le rodea. Hay mucha gente viviendo a costa del trabajo de los demás. Son los que consienten, porque su consentimiento produce la esclavitud de las masas que es preciso mover para votar. Un director general es un cargo político, pero ese cargo necesita de la colaboración de miles de personas que son compradas a cambio de un sueldo. Y los partidos políticos son muy generosos con sus fieles. No hay más que verlo en Madrid, Valencia, Andalucía, Extremadura, País Vasco y Galicia. Hay ejemplos de sobra. Esa gente tiene que asegurar su manutención. Es preciso hacer votar. Si ganas sigues viviendo a costa del cuento del manido y ridículo discurso político: que si la igualdad, que si el paro, que si la sostenibilidad, que si la igualdad de oportunidades, que si la libertad. Un gran negocio. Un gran negocio basado en la corrupción y en la explotación. Antes en el Antiguo Régimen se les decía a los plebeyos que Dios había creado la nobleza. Y la gente se lo creía. Gracias a ese cuento se le quitaba la décima parta de lo que producían, se les obligaba a morir en las guerras, se violaban a sus hijas y mujeres y se les explotaba como carne de matadero. Ahora, los nuevos nobles nos dicen que son nuestros representantes, que trabajan por nosotros, que preservan la libertad y la democracia, que somos nosotros los que decidimos quién nos gobierna, y que hacen lo que nosotros queremos que hagan. Patrañas, las mismas mentiras que lanzaban en el Antiguo Régimen. Son ellos los que deciden cómo hay que educarnos, qué es lo que tenemos que ganar, son ellos los que calculan nuestras pensiones, son ellos los que deciden cómo hay que invertir la riqueza que generamos con nuestro trabajo, son ellos los que deciden el precio de los artículos que consumimos, son ellos los que ponen el precio a las hipotecas, son ellos los que dicen cómo hay que pensar y creer a través del negocio de las televisiones, son ellos los que toman las decisiones que afectan al 90% de las acciones que configuran nuestras vidas. Y nos tratan como los nobles trataban a los plebeyos: incapaces de gobernarnos, como un rebaño al que se le rebaja la capacidad de pensar, a los que se les puede manipular y mentir y engañar. La sociedad civil no existe en nuestro país fuera de la manipulación de los partidos políticos.

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